Blog del Gordito : Restaurantes en Buenos Aires
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Restaurante La Mar Cebichería

Desembarca un emblema de la cocina peruana

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Dirección: Arévalo 2024
Palermo
Teléfono: 4776-5543
Horario
Martes a Sábados: 12:30 a 16hs y de 20 a cierre. Domingos: 12 a 17:30
Chef
Gastón Acurio
  • Guía Óleo
  • Comida 22/30
  • Servicio 16/30
  • Ambiente 20/30

La Mar CebicheríaQuizás la más esperada, festejada, y aplaudida inauguración de los últimos años. Nos solo por lo que representa su establecimiento homónimo en Perú (y otras grandes ciudades del mundo): La mar es todo un emblema. Sino que además por lo que significa su creador, Gastón Acurio, responsable de una verdadera revolución de la gastronomía peruana, artífice de otros tantos restaurantes de renombre, y devenido toda una estrella de televisión, catapultado a la fama de la mano de la serie Masterchef Perú.

Pero La mar es mucho más que títulos. Por empezar, ha desembarcado en una icónica esquina de Palermo, en un majestuoso edificio histórico, ahora restaurado (y aún en transformación, pues sus otras alas serán pronto parte de un lujoso hotel) y con un precioso jardín arbolado que invita a quedarse.

Pero por sobre todo, porque La mar cumple y satisface con su cocina, que es en definitiva lo verdaderamente importante.

Fiel a su estilo, en La mar solo se venden aquellos productos que han podido conseguirse frescos en el mercado, y que se exhiben sobre una cama de hielo en la barra. Por eso, no es raro que muchos de los platos que figuran en la carta no estén disponibles. De hecho, el día de mi vista, no pude conseguir ni el tiradito de Pejerrey, ni el de Pez Limón. Y tampoco había Corvina, ni Mero. Así que tuve que conformarme con el Ceviche Clásico (de lenguado), y uno estilo Nikkei de Salmón Rosado. El primero, absolutamente tradicional, solo que marinado por muy poco tiempo, apenas si se modificó la textura del pescado, que conservó toda su turgencia y su frescura, además de un equilibrio excepcional. El segundo en cambio, mucho mas innovador, especiado y con fuerte presencia del tamarindo. Delicioso.

Como los otros clásicos de la cocina peruana: El lomo Saltado y La gran Jalea (fritura de pescados y mariscos). Ambos muy bien, aunque sin mayores diferencias con respecto a cualquier otro buen restaurante peruano de la ciudad (que hay muchos). Bueno si, su precio, aquí es mucho más elevado.

La joya, y la sorpresa de la noche fue sin duda el Tiradito Peruviano, de vieiras, palta, salsa chalaca y leche de tigre al olivo. Hace muy pocos años que descubrí lo placentero que es consumir este bivalvo sin cocción, pues su textura se asemeja más a una especie de hueva, que a una carne, y con cada mordida, sus delicadas fibras se rompen y derraman en la boca todos sus jugos y aromas a mar. Sublime. Y con un maravilloso aliño a base de limón sutil, y aceite de oliva. Para repetir. Además casi no existen otros sitios en Buenos Aires dónde poder degustar vieiras sin cocción.

Entre los postres, más o menos se repitió el mismo esquema, por un lado un excelente suspiro limeño, pero francamente muy parecido a tantos otros de esta ciudad. Y luego un Picarón con su miel de hojas de higo y especias, una especie de rosca de masa frita, crocante en el exterior y suave en el medio, que se destacó además por ser una opción completamente distinta, que no se encuentra en el circuito peruano local.

Dos malas. La primera, la atención. Muy, muy, muy, muy, muy lenta y desorganizada. El vino llegó después de los Ceviches. Entre estos y los platos principales pasaron cerca de 55 minutos. En el medio tuvieron que traernos unas papas fritas de copetín para calmar el hambre, y el vino se acabó. La segunda botella volvió a llegar tarde (después de los principales) y demasiados minutos después de haberla pedido. En total, casi tres horas duró toda la cena.

Y por último, la otra mala es el café. Aguado y quemado. No sé si será el barista de turno, pero si no lo es eso, habrá que cambiar la máquina.

La cuenta, abultada como era de esperarse, pero en todo caso, tampoco tanto como para que me impida volver a probar el resto de los platos.

 

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